Es aquel que tiene las características
adecuadas para el desarrollo de la actividad de la agricultura, es decir, que
es propicio para el desarrollo de la vida, teniendo en cuenta que a partir de
la agricultura se producen vegetales, legumbres, oleaginosas, etcétera.
De todas maneras, también el suelo agrícola
supone que sea adecuado para la producción ganadera, a partir de la cual se
trabaja sobre la crianza de animales (ganado). Las principales características
del suelo agrícola es que se encuentra en zonas de clima que favorecen el
desarrollo y crecimiento de cultivos, teniendo en cuenta principalmente la variación
de precipitaciones (lluvias), temperatura, vientos, periodicidad de sucesos
como fenómenos climáticos (tormentas eléctricas, vientos fuertes, etc.); por
otra parte, el suelo debe ser rico en nutrientes, y también influye la
pendiente del suelo que para el caso de suelos aptos para la agricultura debe
ser igual o menor a 5% (se puede medir mediante un proceso determinado con
herramientas específicas).
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